El pasado 26 de mayo se celebraron elecciones a la presidencia en Siria. El país de Oriente Próximo, inmerso en una guerra civil que dura ya casi 10 años, afronta los segundos comicios desde que comenzó el conflicto en mayo de 2011, durante las conocidas como Primaveras Árabes. El actual presidente Bashar al-Ásad es el favorito para ganar las elecciones. En el poder desde la muerte del anterior presidente sirio (y padre del actual) en el año 2000, Háfez al-Ásad, el veterano presidente de la República Árabe Siria tiene el reconocimiento de la mayor parte de la población siria como legítimo dirigente del país.
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| Louai Beshara / AFP |
Después de casi 10 años de guerra cruenta, en los que el país ha vivido la expansión del Estado Islámico por territorio sirio y la intervención de potencias extranjeras como Rusia y EEUU, así como el apoyo de Turquía a la oposición al gobierno y los rebeldes (vinculados estrechamente a grupos yihadistas) al-Ásad se ha erigido como un líder a la altura de las circunstancias al no abandonar a su pueblo y mantener la soberanía de Siria frente a las embestidas del Daesh o de EEUU y Turquía. A las elecciones concurren otros dos candidatos: Abdallah Sallum Abdallah, parlamentario y ex ministro en el gabinete de al-Ásad, y Mahmud Marei, miembro de la oposición.
Bashar al-Ásad recibió el 95,1% de los votos y superó la anterior cifra de apoyo en las elecciones de 2011, un 88%. El presidente tiene la tarea de reconstruir un país destrozado por la guerra, en una grave crisis económica y con sanciones de importantes países como EEUU que afectan de manera dramática a la población pero que apenas son percibidas por aquellos a los que van dirigidas. En una situación de crisis similar a la de su país vecino del Líbano, Siria lucha por reconstruirse desde abajo.

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