El 18 de mayo miles de migrantes marroquíes, la mayoría de ellos niños, cruzaron la frontera que separa Marruecos de España en Ceuta. Esta avalancha no fue accidental y espontánea, sino que fue ideada por el gobierno de Marruecos para presionar a España con un arma de los conflictos actuales como es la migración.
Ceuta y Melilla son dos enclaves españoles en la costa del Norte de África que Marruecos siempre ha reclamado como propios. En pasados veranos eran frecuentes las imágenes de diversos migrantes intentando saltar la valla de Melilla para llegar a España. Pero esta vez no eran simples migrantes, sino que en su mayoría fueron niños lanzados por Rabat como arma arrojadiza hacia España y sus fronteras. La pasividad de la policía marroquí fue notable durante estos sucesos.
El desencadenante de estas acciones de Marruecos fue el ingreso de Brahim Gali, líder del Frente Polisario (un grupo armado saharaui que reclama el Sáhara occidental como propio frente a la ocupación de Marruecos) en un hospital de Logroño debido a su delicado estado de salud. El Frente Polisario estuvo en guerra con Marruecos desde 1976 hasta 1991, cuando se alcanzó un alto el fuego. A pesar de esta tregua el estado de Marruecos ha continuado bombardeando poblaciones saharauis en el desierto o obstaculizado el suministro de agua o alimentos. La hospitalización de Gali ha sido una excusa para continuar la presión que el gobierno marroquí había desatado años atrás sobre las fronteras africanas de España.
Además de esta presión migratoria, Marruecos está jugando a otras bandas en cuanto a la relación con España se refiere. El país del norte de África ha comprado grandes suministros militares a EEUU y cuenta con el apoyo del país norteamericano en cuestiones como la del Sáhara. No nos debería extrañar que los estadounidenses dieran un paso más y respaldaran las reclamaciones de Marruecos sobre Ceuta y Melilla.

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